jueves, 2 de junio de 2011

¿Cómo se construye la autoestima?


Katia es una profesionista exitosa de 32 años, mujer contemporánea que ha logrado un alto desarrollo de sus metas profesionales y económicas, tal como lo fomentaron sus padres. Estuvo en buenas escuelas, aprendió idiomas, viajó haciendo intercambios académicos y encontró un buen trabajo, es guapa, viste a la moda y tiene una intensa visa social. Sin embargo ella siente que nunca es suficiente, sus parejas terminan por hacerle sentir insatisfecha y vive con frecuencia una sensación de vacío y hastío que paradójicamente le hace sentir incapaz de ser feliz.

La  percepción que se tiene de uno mismo y del valor propio, eso que llamamos autoestima es un fenómenos complejo. Es cierto que uno aprende a tratarse como fue tratado y tiende también a tratar a otros como se trata a sí mismo. Se crece en modelos de relación con los cuales la persona se identifica y se va apropiando de ellos. 

Primero en la familia, luego en la escuela y con los amigos se nos va diciendo quienes somos, que lugar ocupamos, que valor tenemos y se satisfacen o no nuestras necesidades de pertenencia, seguridad  y aceptación.

En el mejor de los casos las personas aprenden modelos cada vez más cercanos a la realidad, que contemplan sus cualidades y defectos, sus alcances y limitaciones, lo bueno y lo malo de si y de los demás. En algunos casos las personas crecen con un déficit de valoración y no cuentan con el sostén básico para emprender sus deseos y metas pues desde niños se les minimizó, rechazó o maltrató, heredando a menudo las frustraciones e insatisfacciones de sus propios padres.

En otros casos por el contrario se espera muchísimo de los hijos y las exigencias son tales que los insaciables padres, maestros y amigos plantean a los niños y jóvenes un esquema donde siempre hay que dar más  y en el que nunca es suficiente ni lo que logran, ni lo que son y tampoco lo que los demás les dan. Es  un  modelo no realista,  a veces tiránico en el que  el rendimiento sobresaliente es la única vía para conseguir aprobación y  afecto aunque de forma temporal pues pronto existe una nueva meta a alcanzar.

Este modelo  prevalece en nuestro días en diversos grupos humanos, es responsable de múltiples padecimientos físicos relacionados con el estrés y el desgaste y de cuadros de ansiedad ante el fracaso y depresión ante la imposibilidad de ver satisfechos los deseos y necesidades más íntimas. Hay que agregar que no necesariamente son personas que se valoren y se quieran ni que muestren la capacidad de hacerlo con los demás, por lo que tienden a reproducir un círculo vicioso con sus alumnos, empleados, parejas e hijos, pensando que estos van a  retribuir todos sus esfuerzos.

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